Y este cuento se acabó, que no vale la pena llevar al veterinario a un gato tan curioso, si acaso, o tal vez tampoco lo merezca, al taxidermista. El exceso de control, ese innato y tan desarrollado instinto de los felinos, no debe confundirse con la curiosidad que, salvo la sana, es siempre compañera de la desconfianza. Una traición nunca se sospecha, se sufre y se pasa página, o se cambia de libro; en cambio, la sospecha es mero recurso tautológico contra la inseguridad, que además de convertir al presunto inocente en sospechoso culpable, no se detendrá hasta encontrarlo.
La alternativa gratuita a Photoshop que casi nadie conoce y funciona sin
instalar nada
-
[image: PhotoDemon]
Cada vez que alguien busca un editor de imagen gratuito, el primer nombre
que aparece suele ser GIMP. Con casi tres décadas, esta apli...
Hace 1 hora


No hay comentarios:
Publicar un comentario